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martes, 4 de enero de 2011

Junot Díaz: "Ser inmigrante es como ser alcohólico, nunca se quita"

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¿No era que un escritor era, justamente, alguien con gran, gran dominio del lenguaje? ¿Tanto que podían florearse por diferentes registros? Bueno, miren lo que le dice a Clarín Junot Díaz, el dominicano que ganó el año pasado el Premio Pulitzer (el premio literario más importante de los Estados Unidos) por su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao: Los amigos míos dicen que hablo un español muertísimo y que también hablo un inglés muertísimo. Entonces, me parece que yo no tengo una lengua donde me siento muy cómodo.

Justamente. Cuando el jurado eligió la novela de Díaz, elegía un texto escrito en el inglés de un inmigrante "latino", un inglés mezclado, revuelto con alguna de tantas versiones del español. Y elegía también el imaginario, los mitos, los miedos que esos inmigrantes cargaron consigo a través del Caribe. Y los nuevos, los que aprendieron en el Norte.

Díaz, el novelista incómodo en todas sus lenguas, estará en mayo en Buenos Aires para participar en la Feria del Libro, auspiciado por la embajada de Estados Unidos y Revista Ñ. Además de hablar en público y presentarse con escritores, viene a visitar amigos ("Toditos abogados") y no está en sus planes nada como ver fútbol ("Soy muy aburrido") ni recorrer ningún lugar en particular ("Yo prefiero la gente a los edificios").

Desde que le dieron el premio, su libro -es su primera novela, antes había escrito cuentos- entró en las listas de best sellers en los Estados Unidos y su nombre recorrió el continente. ¿Por qué? El dijo por ahí que su historia "sólo podía ocurrir en (norte)América". La historia del ascenso social. La historia de cómo el chico que creció en un barrio con vista a un basural se volvió un escritor consagrado. "Me da risa -supo decir-, cada vez que estoy en las reuniones de docentes del MIT, la gente anda como 'Tengo un Premio Nobel', O 'Tengo un Premio Pritzker'. Y yo: 'Mis padres fueron ilegales'".

En breve (aunque la brevedad impide hacer justicia al libro): la novela premiada cuenta la historia de Óscar De León, un dominicano negro, gordo, y, palabra clave, nerd. Es decir, algo bastante parecido a un "traga", que además tiene poco éxito en las relaciones sociales. En definitiva: alguien que rompe con el deber ser del estereotipo caribeño: seductor, canchero, deportista. Óscar (le dirán Wao por la pronunicación "latina" de "Wilde") no es nada de eso. Y no, no le va bien.
Desde Estados Unidos, en el teléfono, Díaz empieza cauteloso, serio. Pero se irá soltando.

¿Qué tiene que ver su vida con la de Óscar Wao?
Uf, no mucho.
Yo pensaba que un poco sí; usted fue a buenas universidades, se escapaba del barrio a la biblioteca...
Imagínate, no conozco un escritor que no sea nerd. Yo soy nerd-nerd-nerd. Pero no tan nerd como Óscar. Hay niveles: si Óscar es un 8, yo soy un 3.
Casi normal...
La mayoría de mis amigos es un 1. No les encanta leer, no les gusta la literatura, no quieren saber de cómics. Dije que soy un 3, vamos a decir un 5, eso es más justo.

¿Cuáles son sus características como nerd?
Me encanta leer. Esa es la enfermedad que se me pegó. Mira, si alguien tiene un librero en su casa y, digamos, una botella de ron abierta, yo primero me acerco al librero.

¿Cómo le dio esa enfermedad?
Cuando emigré a Estados Unidos, yo tenía seis años. Creo que fue una reacción, una manera de sobrevivir, tú sabes, esa vaina tan difícil de la emigración, a veces un muchacho busca la forma de sentirse capaz, busca una forma de sobrevivir. La lectura me ayudó. Mira, yo vengo de una familia muy militar. A mis hermanos, a a mi papá, la única vaina que les interesaba era el boxeo. Para mí, un muchacho sensible, festivo, eso era demasiado salvaje.

¿Fue difícil en esa familia convertirse en escritor?
Imagínate, coño. Me tenía que esconder de mi propia familia. Tenía que esconder los libros para que no se burlaran.
Usted ganó este premio con una novela medio en español. ¿Mejoró la situación de los latinos en Estados Unidos? ¿Las segundas generaciones ya no tienen que abandonar el español?
El público norteamericano se está acostumbrando a ver un inglés bien mezclado con español. Para un latino, eso significa que se está mejorando el ambiente, porque en los Estados Unidos hay un prejuicio contra el español bastante grande.

¿Un prejuicio de clase?
Claro que hay un prejuicio de clase, pero también hay un prejuicio contra el idioma. Yo veo amigos míos, que son riquísimos, blanquitos, que vienen de buenísima familia, y cuando llegan a los Estados Unidos, no hablan ni papa de español.
Eso los vuelve negros...
Se vuelven negros, o peor, se vuelven malditos ilegales. Entonces, hay ese prejuicio en la cultura en general. Aunque yo he visto muchos cambios, los Estados Unidos siguen siendo un país, una cultura muy, muy antilatina.

Ni inglés ni español. ¿Quién entiende su libro completamente?
Cuando una novela tiene personajes que le llegan a la gente, yo creo que los lectores aguantan mucha mierda. Aunque encuentren palabras que no entienden. Yo creo que gané este maldito público por mis personajes. Y creo que a mucha gente que ha leído esta novela no le importa ni culo la cultura latina. ni quieren saber nada con el español, pero aguantaron por los personajes.
Y lo que no entendieron, lo imaginaron.
Tú sabes cómo es eso de leer, el lector está acostumbrado a no conocer muchas palabras. Y hay gente a la que le encanta ver el español mezclado con el inglés.
Obama también es un hombre "mezcla". ¿Es un clima de época? ¿Se acabaron los "puros"?
Yo no creo ser tan optimista. Una cultura como la de Estados Unidos tiene varias ramas. Una es ese punto de vista, que somos todos mezcladitos, que no hay nada que valga la pena que no venga de otras cosas, de diferentes raíces. Pero también hay zonas de la cultura norteamericana que sueñan con una cultura pura.
Anglosajona.
Pureza, blanquedad. Dos impulsos existen en Estados Unidos.Nosotros somos la generación que metió a Obama en la Casa Blanca. Pero también la que quiere botar a los inmigrantes. Y ahora... cuando la economía se pone malísima la gente inmediatamente le cae encima a los inmigrantes.
¿Hay un deseo de quedarse afuera de esa sociedad anglosajona cuando se habla spanglish?
¡Yo no hablo spanglish, mi amor! Yo soy el único de la familia que habla un español tan muerto, y eso porque me crié con morenos, con african-americans. Mis hermanas, sus hijos, toditos hablan un español perfecto. Y sus hijos no son nada de spanglishparlantes.

Pero usted escribe en spanglish.
Bueno, no, porque mira, no es spanglish. Pero hay muchísimos escritores que mezclan inglés y español y nadie les pega spanglish. Yo creo que lo que sucede en esta novela es code-switching (NdeR: la mezcla de varios idiomas en una frase) entre español e inglés. La nueva generación es completamente bilingüe, habla bien los dos idiomas.
Es decir que usted no le tiene ninguna fe al spanglish como idioma.
¡Pero por favor! ¡Nunca! No veo al spanglish como un idioma, lo veo como una etapa.

¿Cómo se siente cuando va a Santo Domingo?
Es muy complejo. Me siento un inmigrante. Pero de otro tipo que en Estados Unidos.
¿En Estados Unidos todavía se siente un inmigrante?
¡Claro! ¿Tú crees que cuando uno domina el idioma y conoce más o menos la cultura eso cambia? Ser inmigrante es como ser alcohólico. Eso nunca se quita. Mis hijos, si nacen acá, no van a ser inmigrantes. Pero yo, siempre. Siempre, siempre, siempre.


FUENTE: Clarín (AQUÍ)
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domingo, 26 de diciembre de 2010

Noam Chomsky: "El sentimiento contra los inmigrantes es particularmente extremo ahora"

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¿Cuál es su percepción acerca de la Ley de Arizona?
La ley es, claro está, una abominación. La misma somete a una gran parte de la población a una investigación intrusiva por el solo hecho de que alguien piensa de otro, que no se ve lo suficientemente blanco. Esto tiene poco que ver con las cuestiones más generales en torno a la "inmigración ilegal", y es especialmente llamativo en este caso.

¿En qué sentido especialmente llamativo?
Porque están inmigrando hacia áreas robadas a México en una guerra de agresión que el presidente Ulysses S. Grant, quien ha peleado en ella, describe como "una de las más injustas que jamás haya emprendido una nación más fuerte contra una mucho más débil".

¿Qué diría acerca de la reacción de la sociedad en torno de la ley?
Lamentablemente, la mayoría de la población de Estados Unidos la apoya. Ése es uno de los elementos relacionados con los sentimientos anti inmigratorios que está en aumento. Éstos han sido comunes desde hace más de un siglo, a medida que los inmigrantes en esta sociedad inmigratoria intentaban integrarse. Esta situación de oposición se repite frente a cada nueva oleada. Los sentimientos son especialmente extremos ahora, una especie de reacción ante las dificultades económicas, una reacción tanto irracional como repugnante, pero sin embargo comprensible. El racismo viene de lejos en el tiempo. Benjamin Franklin, por ejemplo, quizá el más civilizado de los Padres Fundadores, especulaba acerca de si los alemanes y los suecos debían ser autorizados a entrar, habida cuenta de que no son lo suficientemente blancos. Hasta bien entrado el siglo XX, Jefferson, así como muchas otras personalidades, estaba encantado por los mitos del origen anglosajón y la necesidad de preservar la pureza de la raza totalmente mítica.

¿Cómo está encarando el asunto el gobierno de Barack Obama?
Hasta ahora, el gobierno de Obama se está oponiendo formalmente a la ley por considerarla inconstitucional.

¿Cree que la ley es una nueva forma de instalar la distinción de amigo/enemigo?
En cierto modo; pero está lejos de ser el peor de los casos. Basta con mirar hacia atrás, en la Ley de Exclusión de Orientales (Oriental Exclusion Acts). O pensemos en la década de 1930 y 1940. Estados Unidos retornó refugiados judíos de Europa antes de la guerra y prohibió la inmigración. Después de la guerra, los sobrevivientes estaban viviendo bajo condiciones típicas de campos de concentración, como informaron los propios investigadores de Harry Truman. No eran admitidos en Estados Unidos. Truman se consideraba a sí mismo profundamente humanitario al exigir que el Reino Unido permitiera que cien mil personas pudieran ir a Palestina. La vergüenza de estos años aún no se reconoce.


FUENTE: Rebelión (AQUÍ)
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martes, 19 de octubre de 2010

"A los hijos de inmigrantes les resulta difícil mantener el equilibrio entre dos realidades"

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Como una encrucijada. Así define el psiquiatra Nabil Sayed-Ahmad Beirutí la situación que viven a menudo los hijos de inmigrantes que han logrado integrarse en la sociedad que les acoge, pero se sienten presionados por sus padres para que no se aparten de los valores de su cultura de origen. "Los hijos reciben mensajes contradictorios: sus padres les dicen que tienen que adaptarse al país, pero a la vez que no deben olvidarse de dónde vienen. Les resulta muy difícil mantener un equilibrio entre esas dos realidades", explica Sayed-Ahmad Beirutí, coordinador de la sección Migración y Cultura en Salud Mental de la Asociación Andaluza de Profesionales de Salud Mental.

La sensación de vivir en medio de dos sistemas de valores muy diferentes puede ser incluso mayor entre los hijos nacidos en el país al que emigraron los padres, los llamados inmigrantes de segunda generación. Esta forma de definirlos supone ya de por sí un "obstáculo" para los jóvenes, advierte advierte el experto: "Ellos no emigraron a ningún sitio, lo hicieron sus padres. Pero se les llama igualmente inmigrantes y eso dificulta su adaptación, se sienten rechazados por su propio país, lo que les dificulta la adquisición de una identidad fuerte y estable".

La confusión sigue al llegar a casa, donde muchos de estos jóvenes se encuentran con unos padres que han "idealizado" todo lo que dejaron atrás. "Los inmigrantes tienden a congelar su cultura", explica. "Se quedan con los valores que tenían cuando llegaron. Su propia cultura de origen va evolucionando, pero ellos ni siquiera viven esa evolución".

También es común entre las personas que emigraron que se genere una necesidad de autoafirmación que funciona como "mecanismo de defensa". "Nos pasa a todos cuando salimos fuera. Cuando un musulmán vive en un país musulmán no tiene por qué manifestar esta parte de su identidad. Sin embargo, cuando viaja o emigra esta parte tiende a resaltarse más", explica Sayed-Ahmad Beirutí, nacido en Siria hace 60 años y que, cuando llegó a España, hace 41 años, vivió en primera persona lo que los psiquiatras llaman "el duelo de la emigración".

La sociedad que acoge al inmigrante también desempeña un papel importante que puede definir el éxito o el fracaso de la integración. "La adaptación es bidireccional. Los inmigrantes tienen que adaptarse a la nueva cultura, pero la sociedad también debe adaptarse a una realidad de mestizaje y aceptar las diferencias", dice.


FUENTE: REYES RINCÓN, El País, 7 de octubre de 2010 (AQUÍ)
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