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viernes, 14 de enero de 2011

Soy el inmigrante - LEO ZELADA

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Soy el inmigrante.

Me llamo Vicente Quispe.

Nací en Bolivia. Mi sangre es roja.

Paso todos los días por tu frente y no me logras ver.

Trabajo 14 horas diarias de sol a sol. No tengo seguro ni contrato. No figuro en las cifras de desempleo y no cobro paro. Soy el hombre invisible para las estadísticas de los gobiernos.

Soy el inmigrante.

Vivo en un cuarto pequeño compartiendo habitación con otro compatriota. Salgo apenas a la calle, por temor a migración. No puedo volver a mi hogar, porque mi familia subsiste de mis remesas. Cuando llamo por teléfono a mi esposa y mis hijos, les digo que estoy bien. Me como mis lágrimas. Pero en silencio me consumo como una vela.

Soy el inmigrante.

No gozo de vacaciones en ningún momento del año. Curro todos los días y, alguna vez al mes, libro. Me dijeron que en este país podía alcanzar mi sueño para mí y los míos. Pero no tengo tiempo de pensar. Trabajo todo el tiempo y duermo pocas horas. Soy el otro, aquel que no quieren ver, pero que existe.

Soy el inmigrante.

Ya no quieren reagrupación familiar, y veo crecer a mis hijos como extraños. En los aeropuertos nos ponen en una cola aparte, revisan nuestras cosas y nos desnudan como si fuéramos delincuentes. Y a los que tienen mala suerte los devuelven sin compasión, como hace poco pasó con una anciana argentina de 80 años.

Soy el inmigrante.

Trabajo en la construcción, cuido ancianos, limpio suelos, hago lo que sea, para llevarme un plato de comida dignamente. Pero dicen que cobro poco, que le quito el trabajo a los nacionales. Yo no le quito nada a nadie, señor. Sólo soy un sobreviviente.

Soy el inmigrante.

Dicen que, si sufro mucho, me vuelva a mi país. Pero los señores de la guerra han saqueado nuestra tierra hasta convertirla en un valle de muerte. Cómo volver a una pesadilla a la que nos han arrojado sin consultarnos. Mejor, nomás, es viajar, llevar el dolor de nuestra lejanía dentro. Tengo un puñal atravesado en mi garganta.

Soy el inmigrante.

A José, el ecuatoriano, lo han detenido en el metro. Lo han llevado a Aluche y allí lo hemos visitado. Dicen que es un centro de detención para inmigrantes ilegales, pero más parece una cárcel con rejas para el ganado. Dice que no lo dan de comer casi, que no le permiten hacer llamadas ni hablar con un abogado. Dice que hoy es el primer día que habla con otras personas, después de estar un mes incomunicado. Dios..., ¿qué pecado hemos cometido para que nos traten como animales?

Soy el inmigrante.

Dicen que aquí hay libertad, que todos somos iguales, pero me miran raro y, cuando paso cerca de ellos, se corren de acera, se agarran las bolsas y me miran con reprobación y miedo. A un amigo del trabajo lo han expulsado y eso que es de aquí, pero dicen que es gitano. Si a él le botan siendo de esta tierra, imagínese lo que harán en el futuro con nosotros. Vivo con el miedo en mis huesos.

Soy el inmigrante.

Dicen que hay gente que lucha por nosotros. Pero yo fui a Cruz Roja y Naciones Unidas, y me dijeron que sólo me podían ayudar para retorno voluntario. Para los periódicos sólo somos noticia de segunda mano. Dicen que la derecha no nos quiere, pero la izquierda es el gobierno que ahora nos persigue. Da igual izquierda o derecha, para ninguno de ellos existimos. No somos votos y figuramos como temor en las encuestas. ¿Cuándo será el día que pueda dormir con tranquilidad en esta tierra?

Soy el inmigrante.

Un día no muy lejano, espero que no existan fronteras. Y el mundo entero sea una sola nación. Sólo quizás ese día, por un momento, deje de ser un inmigrante.


Hola.

Me llamo Vicente Quispe.

Nací en Bolivia. Mi sangre es roja como la tuya.

Paso todos los días por tu frente y no me logras ver.

Si me sigues ignorando, no te preguntes después

por qué te golpeé con una piedra.


LEO ZELADA escribe en el blog Diario de un dragón (AQUÍ)
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viernes, 7 de enero de 2011

Sudar Sur - ANTERO

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las chicas del norte negras
ya no recuerdan desiertos
que no sean redondos
como las esquinas de los billetes de 20 euros

las chicas del norte negras
bajan braguetas con la boca
y hablan todos los idiomas
o se los inventan
dependiendo del tiempo disponible

las chicas del norte negras
solo estorban si se les manda
recogen la mesa
y esnifan las migajas

y cuando por fin y tonto
desembarca el sol
las chicas del norte negras
regresan al sur
a su hijo
a su pared desconchada
a su sudor compartido


ANTERO escribe en el blog DISTRITO CANDELAS (AQUÍ)
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lunes, 22 de noviembre de 2010

Canto general al inmigrante - PEDRO MORILLAS

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Más allá del tono solemne de vuestra esquirla:
hermanos, venid todos a mi casa,
venid ya,
venid.



Venid aquí donde brilla el prejuicio
y la gente se queja de que seáis vosotros
los que cuidan a nuestros ancianos,
de que seáis vosotros los que cuidáis
a nuestros hijos,
de que seáis vosotros
los del tomate,
los del pepino,
los del invernadero.



Venid todos y ya,
a esta mi casa
donde la gente se queja y con razón,
de que seáis vosotros los que trabajáis
todo el santo día,
de que seáis vosotros los que nos estáis
quitando el trabajo
a nosotros
que no queremos
trabajar.



Venid antes del cyborg,
venid hermanos, venid,
a esta mi casa donde podéis limpiar
vosotros,
donde podéis recogerme
el desperdicio,
donde podéis
amarme
por el simple
hecho
de mi
dinero.



Venid y ahora,
venid hasta que celebréis con ganas
nuestros goles,
hasta que la ciudad os quiera,
venid a darnos la cerveza
de medianoche,
a darnos el ceviche de los domingos,
venid hermanos, venid.



Venid
pues yo he visto en las gentes
una siniestra vocación por teneros,
venid pues nadie os querrá
hasta que os quieran,
pues nadie dará nada por vosotros
hasta que comprendan
que nada somos sin vuestro acento,
que nada somos sin vuestra alma,
que nada somos.



Yo he ido a quemar mi patria y la vuestra,
yo he ido a pintar en la sombra que os quiero
con la firme decisión de mi alma libertaria,
yo he enunciado los nombres de vuestros países
sin saber ni pizca de ninguno
pues no pertenezco al mío
igual que vosotros
que huís
de la duna.



Venid hermanos,
mi casa es vuestra,
venid,
en patera,
como ramera
en sumisión,
venid
y ahora.



Llegará el día en que la paleta se interpole,
llegará el día en que diremos hombre
y el hombre será celebrado en la alambrada
que nada tape,
que nada sepa;
llegará el día.



Y mientras tanto un odio irracional,
y mientras tanto la cerradura,
pero venid a mi casa,
venid hermanos,
la puerta
está cerrada
a cal y canto,
pero venid,
ya,
ahora.


PEDRO MORILLAS escribe en el blog LAS NÍNFULAS DE YOKNAPATAWPHA (AQUÍ)
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lunes, 23 de agosto de 2010

No sé - VÍCTOR VERGARA VALENCIA

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No sé por qué todo lo hago mío:
Cuando te caes y no miras a nadie.
Cuando matas y no miras a nadie.
Cuando amas y no miras a nadie.
Cuando lloras y no miras a nadie.
Cuando te vas y no miras a nadie.
Y cuando llueve, sale el sol, anochece, nieva,
pienso en mí.


VÍCTOR VERGARA VALENCIA escribe en el blog POESIAVICTOR (AQUÍ)
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sábado, 21 de agosto de 2010

Augusto - SILVIA DELGADO

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Augusto es músico.
.........Pero aquí lo insultan por pordiosero.
Sus manos sin violines recogen fresas hasta dolerle los dedos.
Augusto no quiere pensar que cuando anochezca
deberá descansar en el coche abandonado
que hace de hogar y de taberna.

Augusto no quiere pensar que cuando termine
un hormigueo demasiado intenso le recorrerá las manos
y cada uno de sus huesos, de sus músculos, de sus pensamientos
le dolerán como si lo estuvieran torturando.

No quiere pensar en esto.
Ni en su instrumento.
Ahora es un trabajador a destajo.

Augusto bebe aunque en su país era abstemio.
Acomodado en el asiento trasero
se emborracha sin freno.

Bebe, Augusto, hasta no sentir los mordiscos de las hormigas en sus dedos,

Y a la madrugada,
con la resaca a cuestas,
empieza otra vez la faena.
Es el brazo del campo.
Que lo engaña.
Que lo explota
Es un brazo menudo que alimenta
sepulturas ajenas y propias.
Los brazos de Augusto,
inútiles ya para músicas,
para sujetar partituras,
son útiles para aguantar botellas,
útiles sólo para agarrar la soga
que le aprieta el cuello
jornada tras jornada.


Augusto forma parte del poemario Las cuarenta chimeneas del infierno
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miércoles, 18 de agosto de 2010

Un poema de DAVID MRKZ.

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Camina hacia ningún sitio
De un desierto desértico,
a un desierto poblado.

Camina solo, paso firme
dejó atrás las fronteras
o eso dice.

Las señoras se agarran el bolso,
los niños se cruzan de acera,
los policias le miran con tono de sospecha.

Es diferente, lo sabe.
Es diferente, lo intuye.
No es como todos, lo siente.

No vino en autobus,
no vino en primera clase,
nadie le llevo las maletas.

Nadie le revisó el asiento, pero asiente cuando le llaman, extranjero.


DAVID MRKZ escribe en el blog Yendo de la nada a ningún sitio (AQUÍ)
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lunes, 16 de agosto de 2010

Fronteras - JOSÉ NAVEIRAS

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Fuera de mis pulmones
están los muertos
con las miradas perdidas en
los miles de espejos
que ya no creen en ellos

Y tú y yo nos acercamos hasta la zona privada.
Y tú y yo descubrimos que hay algo más que baños y humo.

Lejos de sus ojos
quedan las imágenes del amor,
los olores de las risas,
el agua sucia con la que
otros embadurnaron sus vidas.

Y ellos y ellas tocan las luces de neón
Y ellos y ellas ahora se acercan al miedo

Más allá de mis heridas
existen otros precipicios
que no pueden ser curados
con algodones ni antiséptico,
aún así cicatrizan a golpes de viento.

Y tú y yo nos creamos cicatrices innecesarias.
Y tú y yo adquirimos secretos superfluos.

En otra dimensión
quedó correr delante de los guardianes
de las ruinas de la ética
con la razón como única bandera,
con las heridas sordas de la intransigencia.

Y ellos y ellas descubren fronteras filosóficas.
Y ellos y ellas escupen lágrimas a la intolerancia.

Desde mi cuerpo hacia fuera
no veo más que
el mar de mis ambiciones
siempre gobernado por huecas mareas
que se alimentan de otras pobrezas.

Y tú y yo nos creemos mártires del tiempo.
Y tú y yo no vemos lo que estamos construyendo.

A mil años luz de la esperanza
trabajan diariamente
a golpes de intolerancia
blandiendo sonrisas como armas
ante los ejércitos de la infamia.

Y ellos y ellas no deberían encontrar fronteras
Y tú y yo no deberíamos crearlas.


JOSÉ NAVEIRAS escribe en el blog Sangrante siempre y casi desangrado (AQUÍ)
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miércoles, 11 de agosto de 2010

Cuatro poemas de "El apátrida (y otros poemas)", de LEÓN DE LA HOZ

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EL APÁTRIDA
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Yo tuve un país de arrecifes llenos de sangre
donde morían quienes llegaban o se iban
y sin embargo parecían playas de nudistas.
Era un país largo y estrecho como un cuchillo
y con tantos muertos que se veían desde la luna,
aunque esa era su principal virtud, según decían.
Extraño y difícil lugar para nacer y morir,
si bien nació de las aguas para ser admirado,
loado, santificado y enaltecido por su belleza.
Ese país que yo tuve y que cabía en mi mano
me lo llevé cualquier día para que no muriera.
Lo tuve dejando su mierda en mis bolsillos
como un canario, aunque le llamaban cocodrilo,
hasta que un día decidió también huir.
Es cierto, señor juez, yo tuve un día un país
y ahora es un lugar de polvo en el viento.
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SUICIDIO
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Estoy tumbado sobre un charco de tinta.
En una mano tengo el cuchillo de mi madre.
Veo cómo la vida se me va sin alas,
a mis hijos que chapotean en mi tinta
salpicando las blancas paredes de mi celda,
mis palabras que se ahogan y diluyen mudas.
Todo eso lo veo desde el ras del suelo
con una profunda y triste herida en el pecho.
Es mi última imagen y la veo al revés.
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OTRA VEZ EL CASTILLO DE IFE
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Estas son las cuatro paredes de mi casa,
tan blancas y breves que parecen no existir.
A pesar de eso no hay otra casa como esta
y en ella estoy con el cuchillo de mi madre.
Allí está la ventana invitándome a escapar.
Por ahí viene la brisa de un mar lejano,
oscuro y con blando hedor a muerto.
Ese es mi destino cuando pienso en ser libre.
No hay otra casa en el mundo para mí.
Cuando me asomo veo el faro que relumbra
como una estrella en la bandera y da miedo.
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ESTO ES LA PATRIA
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La patria es este portal que me da techo,
la columna donde apoyo la vejez y espero
el remedio del tiempo para mis heridas.
Es el suelo o el sofá prestado donde sueño
y dos huecos como balas que son mis hijos.
Es el zumbido del mar que me ensordece
con una dolorosa canción de desamor,
mientras naufrago a una isla imaginaria.
Son dos o tres recuerdos y nada más,
ni una rosa blanca ni una bandera,
solamente yo, mi equipaje y el aire.


LEÓN DE LA HOZ (Cuba, 1957) Poeta. Ha publicado los libros de poesía Coordenadas (Ed. Foro, La Habana, 1982), La cara en la moneda (Ed. UNION, La Habana, 1987), Los pies del invisible (Ed. UNION, La Habana, 1988), Preguntas a Dios (Ed. Libertarias, Madrid, 1994), Cuerpo divinamente humano (Ed. Betania, Madrid, 1999), la antología La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993) (Ed.Libertarias, Madrid, 1994), y la novela La semana más larga (Ed. Betania, Madrid, 2007)

*Poemas extraídos del blog La primera palabra, de Heriberto Hernández Medina (AQUÍ)
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viernes, 6 de agosto de 2010

Un poema de JORGE M. MOLINERO

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Terminábamos un lahmacun
de cordero con queso
en el turco de Portillo de Balboa
esquina con Soto
mientras Apu, el jefe de cuyo nombre
nadie queremos acordarnos, nos contaba
cuánto le costó traer a su mujer y a sus hijos
desde Bangladesh.

Los parroquianos del barrio tomaban
el vino de la casa junto a la tapa de cordero.

Los niños corrían detrás de una peonza desvencijada
y a veces se paraban a observar embobados
la barriga de una embarazada que devoraba
unas patatas fritas con salsa de yogur.

Su mujer leía un periódico. No habla muy bien
español
pero en el cielo de su eterna sonrisa
caben cien budas en fila de a dos.

Apu, el jefe, dijo en su idioma algo que
sonó a orden a su esposa. Obedeció rápido y
entró en la cocina.
Al rato volvió a salir cubierta con un hiyab
saludando tímidamente con la mano
a dos moros que acababan de entrar
a por un kebab de pollo y tabaco.


JORGE M. Molinero escribe en el blog La juventud del otro (AQUÍ)
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miércoles, 4 de agosto de 2010

"Negra bandera" me llaman... - MAYDE MOLINA *

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Recorro las aceras hasta el alba, madre.
Ahora me llaman “Negra bandera".
Que ya no soy aquella: “Pequeña flor”…
Aquí ya van dos años de carrera,
en la vieja patria,
o la vieja soy yo misma
con sólo veintitrés.


Y ya no quedó más flor
que aquel capullo de don Ricardo
que se me cobró hasta al alma
por hacerme dueña
de una miserable esquina
donde apenas nadie me veía.


Pero ya me he hartao
y al carajo con él, madre.
Que a mí me da lo mismo ser dueña de nada
a precio de unos oros que me desangren.
Por eso ando y ando y sonrío
hasta que el pulso me revienta en la punta
espachurrada de este dedo gordo
de mi pie derecho,
subido a estos tacones de puta mierda
que sigo yo comprándole a mis chinitos.


Pero ya no le debo nada a nadie, madre.
Y muchas veces la suerte me sonríe
porque yo ando y canto al son de mi Cuba
y mis nalgas se menean
como nadie aquí sabe,
cuando al caer la tarde
salen los lobos buscando tregua
o alguna cordera con que apaciguar su sangre.
Y cómo le alivia el peso eso a usted madre…
Que del viejo oficio, yo me hago mis ganancias
y a mí me pesa mucho menos
sabiendo que a usted le está ayudando largo, mi negra.
Y hasta me quita el hambre
y ese tiritar de los huesos
cuando llueve sin parar
aquí en las calles.


Pero ahora ya es verano, mi negra.
Y que lindo está mi niño Juan…
Que ya son siete añitos ¿verdad?
Y dice usted que se le caen sus dientitos
Y su madre no está pa verlo…
Háblele de mí, mi negra
Qué no se olvide de su madre, por Diosito
Háblele mucho y bien largo,
dígale usted que sigo trabajando duro
en ese hospital nuevo de la ciudad
y que muy pronto voy a poder traerlos,
muy prontito para acá a los dos.


Ay madre, que yo no quiero escribirle
otra maldita carta embustera
a usted mi pobre vieja, mi negrita…
Que se debe estar pasando las horas
contándole a las comadres
que su Rosa está en España de enfermera.
Pero cómo contarle mi negra,
cómo decirle a una madre…
Que no he podido ser ni puta fina.
Que sigo siendo la “Negra bandera”
que vive haciendo las calles.
La “diplomada enfermera”
que aquí, aún sin papeles
entrega las flores de su vientre
al triste precio que se paga
por la carne que no se compra
en los lugares donde nada
a mares esa champaña,
que acá quieren llamarle cava,
y dicen, mire usted cómo es la cosa,
que hasta se lo derraman
las muy finas entre las sedas,
mientras aprietan pechuga contra
esos machos que tan bien pagan.
Pero yo no soy de esas madre,
no soy de esas…


Y a eso de la las 6 de la madrugada,
cuando el Raval empieza a dormir
la pena de otra noche,
esta “Rosa”, que sin papeles,
ni sedas, ni otro nombre en Barcelona
que el de “Negra bandera”
se recoge hecha un ovillo
sobre el camastro
y apoyada en la pared que tiene por cabecera
vuelve a escribir de su puño y letra
una nueva carta embustera.
Que la de antes ya está hecha un borrón
en el que nada se lee con tanta lágrima.


Y así, que cuando la que cuenta lo bonito
llegue a Cuba,
la vieja negra y el pequeño Juanito
sueñen el sueño más cercano,
la distancia menos lejana…
y España la tierra prometida
donde todo les sonría
cuando en una de esas cartas
al fin les llegue ese pasaje que esperan
con el alma en vilo
y el estómago pegando brincos.




“Madre, que contenta estoy,
que bonita sigo viendo Barcelona
después de tanto tiempo viviendo acá…
Y que buenos son en mi trabajo
que hoy estaba medio malucha
con esas cosas que nos pasan
a las mujeres, usted ya sabe,
y me dieron fiesta, mi negra…
Luego a la tarde,
me he puesto un poco mejor
y me he ido a pasearme por el centro
y le he comprado
un coche teledirigido a Juan
y a usted una falda muy fina
y rebonita en el Corte Inglés,
que es un sitio más grande
que el callejón del pito enterito…
Imagínese mi negra,
Y allí hay de todo, allí hay de todo,
ya verá usted como es verdad
cuando se venga…”


su niña Rosa que tantísimo les quiere






*Esta no es una historia verdadera, pero sí que he visto más de una vez en el hospital donde trabajo mujeres de diferentes nacionalidades, que como "Rosa", dejan su piel en las calles, tratando de ganarse la vida y así poder ayudar a sus familias. Es para ellas, que escribo esta poesía, con todo mi respeto y el deseo de que sus vidas puedan un día retomar un camino que las haga más felices..



MAYDE MOLINA escribe en el blog Mujer de aire (AQUÍ)
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martes, 3 de agosto de 2010

La solución de tus manos - PILAR LÓPEZ MORA

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Con una piel dorada, aceitunada, tan distinta de la mía misma
Si bien aguileño, tan increíblemente delgado,
en contraste con mi redondez y hermosura
Si bien con tu modo de hablar arrastrado de sonoras,
convalecientes formas consonánticas extrañas.
Si bien unas palabras por otras mudando,
tus ojos lo dicen todo.
Tan negros como la noche húmeda de agosto
Tan cálidos como el abrazo de la madre que no tuve nunca
Tan tiernos que extraña de un cuerpo tan huesudo tanta blandura
Tanto amor te tenía reservado sin saberlo
Y, por fin, tus manos tristes y lánguidas.
Tus manos bondadosas, generosas, heridas.
Tus manos anhelando otras manos, un martillo, un piano,
una espalda, un trabajo que recorrer cada día.
Tus muñecas sin pulseras, sin reloj de oro.
Tu piel dulce sin tatuar todavía.
Tus talones sin Aquiles, tu cinto sin espada. Tu sonrisa…
Tu sonrisa no tiene precio, la guardas como un tesoro.
Cuando me la regalas, el corazón me da un vuelco.
Tu sonrisa es tan blanca como la nieve y yo me derrito de poesía.
De tus viajes me habla y yo sé que un día te irás con el viento.
Te irás o te llevarán o desaparecerás como todos, algún día.


PILAR LÓPEZ MORA escribe en el blog Recuerdos de Cartaphilus (AQUÍ)
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sábado, 31 de julio de 2010

Todos los filósofos son primates - CARMEN IBARLUCEA

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¿No lo ven?
No basta el salario,
Mucho o poco
o casi nada.

No basta la obediencia.
No es posible que la vida sea
dar siempre la respuesta correcta
en el examen cruel.

No puede,
no debe,
bastar.

Frágiles, quebradizos, torpes
Vivimos preñados de miedo.
Esperando…
un parto que no alumbra.

Y vamos en postulado de continuidad
premiosos, despojados de conciencia.
Cubiertos de ignorancia,
Cada día un paso más allá.
Abandonados a la racionalidad.

Primates presuntuosos.
Tan simples, tan lógicos.


CARMEN IBARLUCEA escribe en el blog El pozo de mi ignorancia (AQUÍ)
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viernes, 30 de julio de 2010

Diletante - JOSÉ LUIS ZÚÑIGA

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Si la belleza duele,
el arte escupe.
Nunca viajé en patera.
¡Y aún escribo!

Pienso: no caben lágrimas
en estos versos muertos.


JOSÉ LUIS ZÚÑIGA escribe en el blog Tiempo a destiempo (AQUÍ)
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jueves, 29 de julio de 2010

Sin patria - CARLOS M. VALENZUELA

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A inmigrantes que añoran su tierra


¿Cómo volver a ti
cuando las fronteras
se han cerrado tras de mí
y vivo en tierra ajena?

Libertades, ¡triste sueño!
arrancadas de tajo
como si hubiese sido
polvo impregnado en un diván.

Se quedaron contigo
mis ardientes caricias
para calmar tus fríos
cuando te descobije
el invierno de mi lejanía;
también para juntar
mi sudor con el tuyo
cuando el sol
queme nuestras ganas
cual desierto en el verano.

Solos tú y yo.
Navegando soledades,
separados
por malditas fronteras de metal
y muros de cemento.

¡Es pecado universal
apartar las tierras,
que han vivido unidas!

Lloro y sufro por tu ausencia.
No hay nada conmigo.
Soledades van y vienen.

Me persiguen sueños,
pesadillas con fantasmas
cuando vivo el desamparo
de una calle fría.

¿Libertad? ni la tuya
ni la mía.
Lejos los dos.
¡Malditas barreras!
Arrullan con dolor
ausencias de aquellos
que dormían juntos.

Las nubes que cubren los sueños
y las soledades, de la nada llegan…,
el viento del desierto
las arrastra,
para hacer de nuestra ausencia
sordos silencios
que duelen al imaginarlo.

¿Libertad? mentiras
las fronteras
son sin ti y son sin mí.
Añoro tus besos y
sueño tus caricias
....................pero seguimos solos…,
con fronteras que nos lo impiden.



Hermosillo, Son. a 6 Diciembre de 2009
Carlos M. Valenzuela Quintanar

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Camilo - SILVIA DELGADO

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Como Camilo, cientos.
Seres oscuros con el mismo número de huesos
y de vísceras que nuestros hombres.
Prófugos de tumbas con su nombre.
Hermanos que tiñen de sangre las piedras.
Hermanos, sí.
Hermanos negros que tiemblan si suenan las sirenas.

Y corren
Y corren
Y corren.

Hermanos con el mismo número de brazos y de piernas.
Hermanos hacinados sobre jergones arrendados por mezquinos.

Como Camilo, son cientos los vendedores ambulantes
que cambian música por menos hambre,
como Camilo, cientos de vidas destrozadas a cuchillo.
Demasiados siglos en sus veinte años.

Y Camilo también tiene madre que lo meció en noches sonámbulas.
Y Camilo también tiene novia,
Y Camilo también tiene patria...

Es fácil verlo con el saco al hombro
recorriendo las calles y los bares.
Es fácil verlo con borrachos
es fácil ver a Camilo
regresar con el mismo peso,
la misma incertidumbre.

Es fácil ver a este hermano,
es fácil verlo,
oscuro por la pena,
oscuro, si.
Negro.

Pero Camilo no se doblega.
No puede.
Hay quien lo espera.
Y cuando el dueño del colchón con una patada lo despierta,
abandona la porción de camastro que ha alquilado
y sale a recorrer las calles y los bares de nuevo.

Sale a buscar quien compre un poco de la miseria
que carga desde siempre en su costado.


Camilo forma parte del poemario Las cuarenta chimeneas del infierno
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miércoles, 28 de julio de 2010

Hacía años que el volcán no despertaba - ABEL E. CANTERO

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Hacía años que el volcán no despertaba
la nube de ceniza oscurece un firmamento
de reencuentros, proyectos e ilusiones
de beneficios, inquietudes y ganancias
sujetos a una reserva de vuelo cancelado

La esperanza de vida crece para los que viajan en avión
su salud al instante no parece afectada
no hay heridos ni muertos
si descontamos a los del cáncer y los infartos
a los de los accidentes de género y de tráfico
a cada segundo se bate el récord
de contaminación global
de manipulación química y genética
de informaciones tratadas y filtradas
que vuelan en sentido inverso al comercio de pasajeros
y mueren más pronto
unos que también piden préstamos para viajar
los de la odisea en patera
los héroes de la supervivencia
que mueren por tratar de seguir viviendo
y poder volar con nuestras alas de dinero.


ABEL E. CANTERO escribe en el blog Jugando con la perspectiva (AQUÍ)
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martes, 27 de julio de 2010

Musa - LAURA GÓMEZ RECAS

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...................................Se llama Musa, puro ébano, un metro noventa de ternura.
...................................Me buscaba un lugar para aparcar en la Cuesta de los Ciegos
...................................y yo no supe contener su indefensión.



Se dibujaba una marca cruel entre las cejas
y el olor de su cuerpo establecía
distancias con su cuna.

Doblé el talle para afirmarle la moneda
sobre una mano franca como un mapa de geo.
(sin fronteras, sus líneas establecían el norte,
la cordillera, los valles y el futuro que no supe leer).

Se cerró el coche
y la noche se volvió enorme en su sonrisa.
Vamos a comer algo,
No puedo.
Puedes porque eres el centro de apoyo
que hoy me negaron otros ojos.

Dos jarras, un pincho
y detrás de la ensalada su historia.

Tu historia…
cuéntamela otra vez y caminemos.
La noche es eterna en tu sonrisa
llena de un mar extraño con la muerte.

Hoy he vuelto para verle,
para volver a sus grandes manos delineadas
y soltarme el pelo en su sonrisa azul,
de niño perdido en mi mirada.

No estaba en la acera.
Un interrogante bajaba con la luz de la farola.
Le llevaron.
Hay una soledad que me persigue
y una lágrima que vive entre sus dedos.
Él no lo sabe,
pero se fue con él un resto de niñez,
un abandono, un dolor estrecho
que, imperturbable, me disminuye.


LAURA GÓMEZ RECAS escribe en el blog HORTUS LIBER (AQUÍ)
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sábado, 24 de julio de 2010

Se le tiñen de ocre las encías - IGNACIO FAJARDO

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Se le tiñen de ocre las encías
a la mujer protesta, la del cardado afable,
casi abuela, maternalmente
muerta, seminalmente indignada.

Se enverdece su piel casi a mordiscos
y se hace anfibia la lengua portavoz
de otras diez comisuras
para decir que no, que no confía
en el color azul de los ahogados
ni acariciará a sus hijos de cabellos crespos
exiliados, calladamente oscuros.

Se le infectan de miedo los temores
y no sabe,
no sabe que le crece dentro un tahalí
moreno, un carcaj dudoso y afilado,
la perfección del odio permanente,
un ojo aislado y tuerto,
un continente insulto
y alambrado como su esencia blanca
gotera y alambique
-pura mortaja con genes desvaídos-
del semental más flojo.

Se le hinchan de suspiros los collares
y pide compasión
por los negritos, tan monos cuando lejos, tan contentos
como los angelitos de Machín
soplando en las iglesias
-lástima que luego crecen-
con sus alas pegadas en el techo.

Le nace una emoción que tiene nombre
y no comprende ni la nombra

-pero ¿qué queréis si nadie se lo dice?-


IGNACIO FAJARDO escribe el blog Coderas (AQUÍ)
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jueves, 22 de julio de 2010

Un poema de HIPÓLITO GARCÍA FERNÁNDEZ "BOLO"

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Salvo la poca tierra que alberga


la pequeña maceta de un inofensivo cactus,


nadie debería relacionar posesión, tierra.



HIPÓLITO GARCÍA FERNÁNDEZ, "BOLO", El sofá de los valientes, Amargord, Madrid, 2010, pág. 42
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